Y a continuación está la reelaboración que ha hecho DeepSeek:
La Fresa Es Universal: El Teatro Que Vive Dentro De Todo Juego
Hemos desmenuzado los sabores del rol y hemos identificado al más vistoso, al más escénico: el rol de fresa. Lo definimos como dramatización, escenificación, performance. Es la voz impostada, el gesto exagerado, la exclamación dramática. Pero hoy quiero llevar esta idea un paso más allá, hasta una conclusión que puede resultar incómoda o liberadora: el rol de fresa no es propiedad exclusiva de los juegos de rol. Ni siquiera los necesita para existir. Es un acto teatral puro que puede injertarse en cualquier actividad lúdica, y de hecho, en la vida misma.
El Axioma Fundamental Del Actor-Jugador
Partamos de un principio simple, casi tautológico: en un juego tradicional, un jugador puede representar el papel de un personaje si (y sólo si) se lo propone. La regla no hace excepciones. Tomemos el ajedrez, santuario de la estrategia pura. Nada en sus reglas te impide que decidas que el peón de dama es el mosquetero d'Artagnan. Puedes, en tu turno, hacer grandes aspavientos, murmurar un "¡sacrebleu!" teatral al avanzarlo, o un dramático "¡mon Dieu!" cuando sea capturado por un alfil enemigo. Los ajedrecistas, en su inmensa mayoría, no lo hacen. No porque las reglas lo prohíban, sino porque son personas sensatas, con cierta vergüenza propia y un agudo sentido del ridículo cultivado en templos de silencio y concentración. Pero la potencia está ahí. El juego lo permite.
El Juego Como Telón De Fondo
Extendamos el experimento. En una partida de póker, tú y tus amigos podéis pactar que no sois cuatro personas en una mesa, sino Al Capone, Elliot Ness, "Doc" Holiday y el agente 007, disputándose el control de Chicago en una tensa noche de 1929. Cada apuesta, cada farol, se carga de un significado dramático que trasciende las fichas. En un juego de damas, los discos negros pueden ser los hombres de Ricardo de Gloucester en la Guerra de las Dos Rosas, y los blancos, las huestes de la Casa de Lancaster. O los enanos de Dain hijo de Nain enfrentándose a los trasgos en la Batalla de los Cinco Ejércitos. El tablero es el mismo, las reglas de captura son idénticas, pero la capa de significado que tú le añades transforma la experiencia. La fresa es el aderezo, el jarabe que convierte un plato funcional en un postre.
El Espejismo De La Propiedad Exclusiva
Y aquí llega la revelación, que desmonta cierta pretensión de exclusividad: en un juego de los llamados "de rol", un jugador puede representar el papel de un personaje si (y sólo si) se lo propone. Exactamente la misma condición que en el ajedrez, el póker o las damas. Lo que diferencia a D&D, Call of Cthulhu o Apocalypse World no es que permitan el rol de fresa, sino que lo alientan, lo facilitan y lo premian con mecánicas concretas (como puntos de experiencia por interpretación, o bonificaciones por actuar según un rasgo). Proporcionan un marco, un contexto narrativo compartido y a veces incentivos, pero la chispa inicial, el acto de encarnación, sigue siendo una decisión voluntaria del jugador. Por tanto, el sabor a fresa es maridable con TODO JUEGO. Es un módulo opcional de inmersión que podemos acoplar a casi cualquier sistema lúdico.
La Prueba Definitiva: El Grito En El Salón Recreativo
Hace muchos, muchos años, en un salón recreativo llamado "Dolar", había un chaval jugando a "Qbert". El cabezón narigudo saltaba entre pirámides de cubos, esquivando serpientes y otros bichos. En un momento de tensión, una de esas criaturas (una serpiente-muelle) cayó sobre el pobre Qbert. Entonces, el chaval, espontáneamente, exclamó con una voz chillona y desesperada: "¡me cagón Dios!". En ese instante, ese jugador anónimo no estaba solo pulsando un joystick. Estaba expresando la frustración, el susto, la queja de su personaje pixelado. ¡Ese chaval estaba interpretando a su personaje del videojuego! Ergo, estaba jugando a rol (de fresa), ni que fuera momentáneamente, efímeramente. No necesitó una ficha, ni un director de juego, ni un manual de 300 páginas. Solo necesitó la chispa de la identificación y el impulso de vocalizarla.
El Teatro Sin Reglas: La Esencia Pura
Llevemos el argumento hasta su extremo lógico: el rol de fresa ni siquiera necesita un sistema de reglas formales. Es anterior al juego estructurado. Los niños pequeños lo hacen constantemente cuando juegan a "papás y mamás" o a "policías y ladrones". No consultan un manual; el único arbitraje es el "¡y yo digo que no!" y la negociación implícita de la imaginación compartida. Los actores en un escenario lo hacen, siguiendo un guion, pero dando vida a personajes con sus decisiones interpretativas. Y, en un giro más cínico pero igualmente válido, los políticos que nos gobiernan lo hacen todo el tiempo: adoptan un personaje (el líder cercano, el estadista serio, el rebelde antisistema) y lo representan ante su audiencia, usando gestos, tonos de voz y frases calculadas para generar una reacción. Es performance pura. Es fresa, aunque a menudo agria.
Implicaciones Para Nuestras Mesas
¿Qué hacemos con esta idea? Primero, desmitificar. No hay nada mágico o esotérico en "hacer rol". El rol de fresa es un acto humano natural de juego y representación. Segundo, nos libera de la presión. Si un jugador en tu mesa no quiere hablar con voz de orco, no está "haciéndolo mal". Está optando por no activar el módulo de fresa, igual que el ajedrecista opta por la concentración silenciosa. Su contribución al juego puede ser igual de valiosa desde lo táctico (chocolate) o lo psicológico (vainilla).
Finalmente, nos abre los ojos a las posibilidades. Si la fresa es portable, ¿qué otros juegos podrían enriquecerse con una pizca de dramatización? ¿Una partida de Catan donde negocies recursos no como tú, sino como un mercader despiadado? ¿Un Warhammer 40.000 donde grites órdenes a tus miniaturas en el fragor del combate? Los juegos de rol han perfeccionado el cultivo de esta fresa, pero la semilla estaba en todos nosotros desde el principio.
El rol de fresa no es el territorio sagrado de un hobby. Es el teatro espontáneo que llevamos dentro, esperando a que cualquier juego, cualquier situación, le dé el permiso (o simplemente, la excusa) para salir a escena.
(La próxima semana: ¿Y si el "rol de chocolate", el de las mecánicas de clase, también es más universal de lo que pensamos? Exploraremos cómo la especialización funcional es la base de casi todo juego en equipo, desde el fútbol hasta los juegos de rol).
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